lunes, 16 de marzo de 2015

Crónicos de un Amor Demoníaco - Capítulo Especial

Nota: As = Astaroth (Vicent)
          


-Pfff, ¡ja,ja,ja,ja! –elevó sus manos a la altura de su cara y se frotó los ojos- …ay, ji,ji,ji…
  As podía oír y sentir los estímulos a su alrededor, pero a la vez parecía estar adormecido. Creo que él mismo sabía que tenía los ojos abiertos (aunque no pudiera ver nada) porque movió un poco los dedos de las manos y los pies, como si estuviera palpando el terreno. De pronto había girado la cabeza con pesadez a un lado y se había reído contento. Algo debió de parecerle divertido, aunque no supiera el qué. Cuando estás borracho todo parece gracioso.
-     As, oye, ¿estás bien?- le sacudí un poco el hombro, pero cayó hacia un lado y siguió riendo.
  Sonreí. La droga había hecho efecto.

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  Hace 25 minutos aproximadamente:
-     Andrew, ¿para qué son todas estas latas?- As me pilló en cuclillas en la cocina, con una gran bolsa de la compra llena de latas de cerveza baratas.
-     Me las ha recomendado Robert, dice que tienen un gran sabor. Una parte las estoy guardando y la otra parte las probaremos esta noche.- Me levanté y cerré la nevera.
-     ¿Esta noche? Pensaba ponerme a redactar un documento importante.
-     As, venga; seguro que la oficina no se va a ir a pique solo porque te tomes unas noches libres. Y menos aun porque te tomes unas cervezas.- Su rostro mostró una expresión inamovible. - ¡As! –cruzó los brazos, señal de que yo estaba perdiendo; necesitaba improvisar algo rápido- ¿Vas a dejarme bebiendo alcohol? ¿Aun sabiendo lo que ocurrió la última vez?
-     No me vengas con esas, sabes que el alcohol humano no nos afecta tanto a los demonios.
-     Una cantidad normal no, ¿pero qué crees que pasaría –señalé las latas de la nevera- si me bebiera TODAS estas latas? Creo recordar que la última vez que hice algo así tuviste que llamar a algunos bomberos y a tus abogados para que no publicasen el caso en los periódicos.- sus mejillas se calentaron un poco.
-     ¿¡Qué soy: tu novio o tu niñera!?- exclamó.
-     Mi novio –le besé con picardía y fui a la entrada- ¡pero también me gusta que cuides de mí!
-     ¡Vale, pero a partir de mañana me dejas trabajar tranquilo!- gritó desde la cocina.
  Jus, jus. Lo complicado ya estaba hecho, sólo me quedaba lo fácil: darle la droga y esperar a que hiciera efecto. Colgué mi abrigo de cuero en un colgador de la entrada y, esperando que As no me viera, saqué un pequeño frasco de cristal con un espeso líquido verde en su interior.
  Hace 2 horas aproximadamente:
-Toma esto.- me dijo Robert antes me irme de su “oficina”; así es cómo llamamos al lugar en el que trabaja como mafioso, una especie de oficina en la que a veces hacemos interrogatorios o cosas así. Era un frasquito con una especie de moco dentro.
-¿Y esto para qué es?- pregunté con asco.
- Esto –dijo con parsimonia- es algo que uso con Daniel algunas veces. Es una droga que es capaz de causar en seres no-humanos el mismo efecto que unas cuantas latas alcohol en humanos normales.
- ¿Lo usas para emborrachar a Daniel?
- Algo así: esta sustancia se fabrica sólo en el Infierno, y es alcohol demoníaco y droga a la vez. Imagínate lo que podrías hacer con Vincent si se lo  dieras.- Mi perversa y maquiavélica mente comenzaba a despertarse- y además, he pedido que le añadan también un efecto afrodisíaco. -Joder. Necesito ese frasco.-Te lo doy para agradecerte que vengas de vez en cuando y tal y ayudarme con algunos “trabajos”.
- Tranquilo, lo hago porque me gusta hacer esos “trabajos”. Pero no voy a rechazar el frasco. Le daré buen uso- sonreí con maldad, y Robert, conmigo.
 
  Así que sólo tengo que verter la droga en una de las latas y dársela a beber. Ju, ju, ju.
  -¡Andrew! ¿Llevas tú las cervezas o te ayudo?- la voz de mi gatito de pelo blanco me sacó de mis pensamientos.
  - ¡Las llevo yo, tu espérame en el salón!- en la cocina recogí las cervezas que había dejado sobre la encimera y las puse sobre una bandeja, además de unos ganchitos y tal, sólo para acompañar. Separé varias de las latas y las puse aparte; esas serían las que contendrían la sustancia. Pero, ¿cómo verter la droga dentro sin abrirlas? Si las abría, As sospecharía de mí.
  De repente se me ocurrió una idea tan simple como peligrosa. Abrí una de las cervezas y, tras descorchar el frasco, vertí todo el interior dentro; hasta que no quedó ni goteando. “Le ofreceré ésta, y si piensa que le he echado algo, fingiré que bebo y ya está”
  Me dirigí al salón cargado con 10 latas y varias bolsas de aperitivos variados. As estaba en el sofá negro de tres plazas con las piernas y los brazos cruzados. Se le notaba que aún seguía mustio por casi obligarle a beber conmigo. Coloqué la bandeja en la mesa baja el salón e hice tiempo colocando los víveres, por si parecía demasiado acelerado.
-     Toma, tuya- le acerqué la lata abierta. Y tal y como pensé, arrugó la nariz con cara de extrañado.
-     ¿Y por qué está abierta?- inquirió. Yo puse mi cara de inocentón, que, por lo que sé, me sale bastante bien.
-     La he abierto para probarla antes un poco. No le he hecho nada – me la acerqué, pero antes de que me tocara los labios, me la quitó de las manos.
-     Vale, vale, está bien, confío en ti.- dijo- pero es un poco asqueroso probar algo y luego ofrecérselo a otra persona. Da la sensación de que no te ha gustado y quieres encasquetárselo a otro.
-     Ja, ja, perdona- abrí otra lata- venga, brindemos.
-     Chin-chin –dijo alzando la suya.
  “Yo sí que te voy a dar chin-chin*”, pensé pícaramente.    [*:”Chinchin” en japonés significa “pene”]
  Bebió dos tragos de golpe y yo le imité. Leyó los ingredientes de la cerveza mientras la saboreaba.
-     Sabe un poco como a menta, ¿no?- murmuró- pero está buena.- Dio otros dos tragos más. Le imité y bebí yo también; pero tuve que esforzarme para no escupirla. “Está buena, dice” pensé “será que el moco verde ese le da sabor, porque la mía sabe a mierda”.
-      Mmsim está buena, sí…- Y así, de repente comenzó a reírse.
-     Pfff, ¡ja,ja,ja,ja! –elevó sus manos a la altura de su cara y se frotó los ojos- …ay, ji,ji,ji…
-     As, oye, ¿estás bien?- le sacudí un poco el hombro, pero cayó hacia un lado y siguió riendo.
  Sonreí. La droga había hecho efecto.
  Pero aún así quería estar seguro y que no se le pasaran los efectos demasiado pronto:
-      As, eh, oye – le sujeté los hombros mientras recogía la lata, que, por desgracia, había manchado la alfombra- toma. Bebe un poco más.
  No dijo nada; tenía cara de estar somnoliento, pero aún así se irguió y bebió lo que  quedaba de cerveza de un trago. Unas gotas del líquido se le escaparon de la comisura. No pude resistir la tentación. Me acerqué a él y se las limpié con la lengua. Su piel estaba, como siempre, cálida y suave al tacto.
  Al final, su cuerpo cedió por completo a la droga y se dejó caer en el suelo. Aparté la mesa de en medio para dejarnos espacio y me coloqué encima de él, apoyando las rodillas y las manos a ambos lados de su cuerpo para no agobiarle con mi peso. Empecé dándole un pequeño beso en la punta de los labios. Después, otro beso, y después de ese otro…Me fui desplazando por su comisura, mejilla y clavícula. Llegué a la oreja izquierda, y en vez de besar esa zona, la mordí; dejando pequeñas marquitas en el cartílago y lamiendo el lóbulo. As se encogió por un escalofrío y giró la cabeza hacia la izquierda. Le sujeté la barbilla e hice que me mirara. Tenía los ojos cerrados y la boca semiabierta, de modo que me lancé a por ella introduciendo mi lengua. Pegué mis labios a los suyos y nuestras bocas quedaron selladas, mientras en su interior yo recorría de todas las maneras posibles la suya.
  Conforme se alargaba el beso, fui introduciendo mis brazos bajo su cuerpo Y poder abrazarle y sostenerle. Nuestras respiraciones se habían hecho más rápidas y yo quería cada vez más. Lo achuché contra mi cuerpo de modo que su espalda se quedó arqueada y su cabeza un poco hacia atrás.
  Me di cuenta del efecto que el afrodisíaco había hecho en él por el bulto que noté en sus pantalones. Lo dejé tumbado, como antes y le quité los pantalones. Iba a hacer eso que él nunca me había dejado hacerle: le dejé puestos los bóxers grises y comencé a mordisquearle, con muchísima suavidad, por encima de la ropa interior. Podía sentir incluso a través de los dientes las palpitaciones y el calor de su pene.
  Cuando levanté la cabeza, los bóxers de As estaban ligeramente mojados, y no precisamente por mi saliva. Quizás se sintiera incómodo y necesitara correrse. Así que le quité también la ropa interior y empecé a saborearlo por esa zona; primero con besos pegajosos y luego, metiéndome su miembro ya erecto en la boca.
-     Ah…- en cuanto lo hice As retorció un poco el pie y arañó la alfombra con las uñas. Seguí acariciándolo con mi lengua cada vez más rápido, sacándolo y volviéndomelo a meter en la boca, una y otra vez. As arañaba con cada vez más fuerza la alfombra hasta que arqueó la espalda y eyaculó en mi boca.- ¡Ahh!
  Ahora respiraba con más fuerza que antes. Además tenía el cuello lleno de sudor. Entonces me llevé las manos a la cabeza: “¡Hostia! ¡Creo que no nos quedaba lubricante!” pensé “Bueno, espera…”.
  Algunas veces lo hemos hecho sin lubricante pero esa vez no quería arriesgarme a hacerle daño. Quizás la idea que se me había ocurrido no fuera la mejor en estos casos, pero era la única que tenía. Así que escupí su semen en mi mano (aún lo llevaba en la boca), y, colocándome una de sus rodillas en el hombro, le esparcí el semen a modo de lubricante.
  Introduje primero el dedo corazón y en seguida el índice, abriéndolos y cerrándolos en forma de tijeras para dilatar la entrada y tratando que el interior quedara resbaladizo. Cuando calculé que ya estaba lo suficientemente abierto, introduje tres dedos y presioné.
-     ¡…ah!- gimió de repente, abriendo un poco los ojos. Seguí presionando de forma reiterada-¡…mm! ¡A-ann-drew…! –le miré a la cara. Se le habían caído a un lado las gafas, sus mejillas estaban enrojecidas y tenía los ojos medio abiertos. Joder, cómo me puso. -…a-así n-nno…ah…- gimió de nuevo.
  Sonreí; yo tampoco podía aguantar más. Hice caso de lo que me pedía: me desabroché el pantalón y me introduje en él.
-      Ah, ahah,…- arqueó la espalda y arañó la alfombra hasta que, ésta vez, la rasgó varios centímetros. Me incliné hacia él para apoyar mi cabeza en el hueco de su cuello. De inmediato comencé a moverme, aumentando el ritmo y la amplitud de mis movimientos de forma paulatina. As, por su parte, me rodeó los hombros con los brazos mientras yo comencé a hacerle chupetones en el pecho.- An-ndrew…te…qu-quiero
-     ¿Qué?- murmuré sin parar de moverme.
-     Qu-ue te qu-quiero…ah…-volvió a susurrar.
-     Ah…repítelo
-     Te qui-quiero.
Me separé un poco de él, lo suficiente para poder mirarle a los ojos. Nos miramos un instante, antes de besarnos mientras nuestras respiraciones y jadeos se entremezclaban.
-     Yo también te quiero…

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-      ¿Entonces no te acuerdas de nada?- exclamé medio ofendido la mañana siguiente.
-     (Aay) nooooo – respondió con voz cansina un montón de sábanas y mantas, en cuyo interior se encontraba envuelto As.
-      ¿¡Pero nada!? –volví a exclamar.
-     Andrew, por favor, me palpitan las sienes y me va a estallar la cabeza.-gimió con voz débil.- Ya te he dicho que no me acuerdo de nada a partir de la primera cerveza…
-     Pues me dijiste que me querías – lloriqueé como un niño.
-     ¿Eh?
-     Nada – suspiré- que ya te avisé de lo que pasa si los demonios bebemos mucho – abracé el montón de sábanas y lo besé; guardándome para mí mismo las dos palabras que más feliz me han hecho en todos los cientos de años que llevo de vida.


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